diumenge, 7 d’abril de 2013

El origen de nuestro pueblo: El Embalse de Blasco Ibáñez.


El origen de nuestro pueblo viene de la construcción del Pantano de Benagéber. Proyecto republicano conocido al principio como embalse de Blasco Ibáñez.
La construcción de esta obra pública, que palió sequías en la huerta valenciana, obligó a desplazar el pueblo antiguo de Benagéber a un lugar fuera de la zona inundable, además de generar los enclaves de San Antonio de Benagéber (entre Paterna y L´Eliana) y San Isidro de Benagéber (en Moncada). El primer enclave es el origen directo de nuestro actual municipio.
Reproducimos el artículo publicado en Levante-EMV sobre la construcción del citado embalse de Benagéber, y cuyo autor fue el periodista Rafel Montaner.


El primer barreno de Benagéber
Hace 80 años Alcalá-Zamora inauguraba en Benagéber las obras de un embalse que venía a poner paz en la «guerra del agua» entre los regantes del Turia y Valencia - La República adjudicó la presa por 25 millones en vísperas del golpe de Estado de Franco  
­La historia se paró en Benagéber el 5 de abril de 1932 a la una y cuarto de la tarde. En ese justo instante de hace 80 años el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, inauguraba las obras del entonces Embalse de Blasco Ibáñez con la detonación de un barreno que estremecía el tajo en la roca elegido para alzar la que, con sus 105 metros, sería la presa más alta de España. La puesta en marcha de «la obra máxima de Valencia», según la crónica de El Mercantil Valenciano (EMV), reunió a 5.000 personas llegadas desde la Serranía y el Camp de Túria, entre las que se encontraban los 700 vecinos del pueblo que iba a desaparecer bajo las aguas.


La cabecera histórica de Levante-EMV retrataba así la escena del inicio de la infraestructura «más grande en volumen y en presupuesto» que se había hecho jamás en Valencia: «mientras los representantes de la huerta y de los pueblos beneficiados sonreían satisfechos, los vecinos y el alcalde de Benagéber, lloraban de amargura». Entre los más felices, los sindicatos de regantes del Turia con el Tribunal de las Aguas a la cabeza, que en un manifiesto a los valencianos desde la portada de EMV atribuían el proyecto a la «eficacia» de su presión sobre el Gobierno. Una lucha que incluyó una visita del milenario tribunal a Madrid para convencer al ministro de Obras Públicas, Indalecio Prieto, de que apostase por Valencia, «siempre olvidada y postergada de beneficios y apoyo de los Gobiernos».


El embalse proyectado, con una capacidad de 220 millones de m3 y un coste total de 52 millones de pesetas —28 de ellos para la presa— según los regantes viene a poner fin a «las luchas por las aguas» del Turia que mantienen con Valencia, una «guerra del agua» que acababa de llegar a su punto culminante con la «calamitosa sequía de 1931».


El pantano, escriben los regantes, «está motivado por la necesidad de un mayor caudal del río ante el conflicto que su insuficiencia crea en el abastecimiento a la ciudad». El cap i casal, que ya contaba con 300.000 vecinos, consumía 80.000 m3 de agua al día, por lo que reclamaba del Turia unos 30 millones de metros cuadrados al año.


El nuevo embalse no sólo «asegura el abasto de Valencia durante 80 años», sino que garantizaba agua suficiente para las 10.500 hectáreas de regadío histórico de la huerta valenciana —las acequias de Moncada y de la Vega, así como los pueblos Castillo (Pedralba, Vilamarxant, Riba-roja y Benaguasil)— y, además, posibilitaba una nueva zona regable de 12.000 hectáreas en Llíria y Casinos. En total, se estimaba que esta mejora y ampliación del regadío iba «a crear riqueza» por valor de 91,5 millones de pesetas.

Pero, todas estas cuentas se convirtieron en las de la lechera con el Golpe de Estado del 18 de julio de 1936. La República acababa de adjudicar por más de 25 millones —a pagar en cinco años— la construcción «de la presa, aliviadero, galería de toma y desagüe profundo». El esfuerzo de guerra, y el hecho de que el adjudicatario tuviera gran pare de la maquinaria y herramientas en zona sublevada, truncó la empresa. 
Aun así, hasta el fin de la Guerra Civil, la República había adjudicado obras del pantano por más de 4,4 millones. Tras la contienda, hubo que esperar al 22 de septiembre de 1939 para encontrar en el BOE la primera orden de Franco sobre el embalse. Ésta no hace referencia a ninguna inversión, sino al cambio de nombre de la presa por «Pantano del Generalísimo». En los cuatro años siguientes, las obras licitadas por el nuevo régimen rondan los 6,6 millones de pesetas. En un balance sobre la marcha del pantano publicado ABC en junio de 1943, se detalla que «hasta ahora la inversión ha sido de 20 millones», la mitad de los cuales se destinaron al pago de la expropiación de tierras.

Los 10 millones en obras, cuyo montante coincide con las adjudicaciones citadas, únicamente habían dado para culminar la ataguía de 13 metros de alto por 24 de ancho, adjudicada en 1935, y el túnel de desagüe cuyas obras se licitaron en 1932 y fueron inauguradas dos años después. Franco no cortó la cinta inaugural hasta 1952, aunque el 22 de agosto de 1944 la presa ya proporcionó su primer riego de emergencia a una huerta de Valencia subyugada por la sequía.

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